Determinar si los muertos estaban en realidad muertos era una desconcertante e inexacta ciencia antes del advenimiento de la medicina moderna. Pero el temor no era totalmente irracional. A lo largo de la Historia ha habido numerosos casos de personas enterradas vivas accidentalmente y curiosas leyendas hablaban de ataúdes abiertos donde se encontraba un cadáver con una larga barba, o con las palmas de las manos levantadas hacia arriba, o destrozadas por el esfuerzo de haber intentado escapar...También la literatura encontró terreno fértil en el miedo a ser enterrado vivo; los relatos de terror de Edgar Allan Poe «El entierro prematuro» (1844), «La caída de la Casa de Usher» y «El barril de amontillado» son buenos ejemplos de ello.
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el viernes, marzo 06, 2009
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REPORTAJES
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