Me invitaron a disparar, pero decliné la oferta. Preferí entrar desarmado en la galería de tiro de Albuquerque y me dediqué a observar. Dos padres instruían a sus hijos en el dudoso arte del tiro al blanco humano. Pregunté que cuál era la edad mínima para disparar. Me dijeron que ocho años. Eso sí, bajo la supervisión de un adulto
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el miércoles, julio 02, 2008
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LA COLUMNA
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