Tengo un buen amigo de los tiempos en que viví en la India, Mohamed Aslam, que cuando lo visito en el barrio bengalí en el que reside me pide insistentemente que lo llame Krishna Das.“Nadie quiere alquilar pisos a musulmanes en esta zona, así que fui al registro y me cambié el nombre”, explica Mohamed, que siempre ha sido indiferente a los avatares de su religión. De más está decir que tanto este joven, que estudia y trabaja, y su novia, viven bajo el constante temor a ser descubiertos.
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el martes, diciembre 09, 2008
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LA COLUMNA
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